El problema del objeto moral. A propósito de la conferencia del profesor Ángel Rodríguez Luño.

El problema del objeto moral. A propósito de la conferencia del profesor Ángel Rodríguez Luño.
(Comunicación presentada al congreso sobre Veritatis Splendor organizado por la Universidad Católica Argentina en el año 2004)

1. Introducción.

La realidad del acto moral no es simple, sino compleja y estructurada. El primer elemento a partir del cual éste recibe su moralidad primera y esencial es el objeto. Este no es más que la materia circa quam de la que se sirve la persona para alcanzar un determinado fin. El objeto determina al acto en su naturaleza moral haciendo que sea esto y no aquello, por ejemplo, matar, robar.

La tentación, como señalaba el profesor Luño, es reducir los actos a su condición meramente física, como si fuese un evento físico y nada más independientemente de la intencionalidad próxima del sujeto para luego determinar la moralidad del mismo en un segundo momento y a partir, por ejemplo, de sus consecuencias.

En otros términos se pasa a una concepción, abstracta y material, de la materia del acto que corresponde a una concepción desencarnada y, por lo tanto, no práctica de la intención. Esto mostraría un enfoque fuertemente extrínseco del acto humano que se pone de manifiesto en la falta de capacidad para la determinación del juicio moral1 .

En otros términos, no se llega a unir orgánicamente la voluntad con las elecciones concretas, como condiciones imprescindibles para su bondad moral. Lo que queda como resultado son las elecciones es su aspecto externo. De aquí se pasa, casi necesariamente, a la evaluación de la bondad moral del obrar a partir de un cálculo racional exhaustivo, que garantice su dimensión correcta o justa. De este modo, la moral es abandonada no sólo a la incertidumbre sino a la arbitrariedad, incapaz de justificar una obligación absoluta y, por lo tanto, de dar razón del núcleo esencial de la experiencia moral2 .

Desde otra perspectiva podemos afirmar que, pensar el objeto moral del obrar a partir de la ponderación de consecuencias, es considerar el acto humano como parte de un proceso esencialmente extra-personal y, por lo tanto, abstracto del dinamismo práctico del agente, es decir, al margen de los dinamismos intencionales.

Este modo de pensar el objeto del acto moral, termina por eliminar, en un sentido propio, el lenguaje de las consecuencias y de los efectos siendo imposible definir las consecuencias y los efectos de un acto esencialmente no calificado. Se termina así por oscurecer la diferencia entre actos, efectos y consecuencias . Mientras en el pensamiento tradicional el objeto posee el primado y determina el lugar de las consecuencias en la valoración moral de las acciones, en este enfoque son las consecuencias las que determinan la naturaleza del objeto moral del acto (identificándose en última instancia con éste), quedando el juicio moral en definitiva circunscrito a la situación particular4 .

Podemos cerrar este apartado diciendo que el absorbimiento del objeto moral en las consecuencias del obrar no sólo termina por debilitar la objetiva valoración moral, sino incluso de vaciar el juicio personal en su dimensión práctica para terminar privilegiando la habilidad del sujeto para individuar los elementos moralmente relevantes en cada situación5 .

2 El objeto o materia de las acciones morales.
Hemos visto que el sujeto realiza su obrar mediante un deseo guiado por la razón, y por eso posee dominio y responsabilidad de aquello que realiza. A su vez, la razón es la raíz y, en cierto modo, la causa de la libertad. Por lo tanto, si el hombre realiza algo en cuanto hombre lo hace a través de la razón y a la voluntad, y le compete a la razón determinar qué está bien. Es así la razón, la medida inmediata del bien y del mal de las acciones.

Esto último no hay que entenderlo como si la razón juzgase lo bueno y lo malo mediante una norma moral dada previamente en donde a la razón le quedaría, en última instancia, sólo la aplicación de las normas morales y la orientación del obrar, en función de la ley moral o en la observancia de la naturaleza de las cosas.

Cuando decimos que la razón es la medida del bien y del mal nos referimos a que no se limita a aplicar una norma moral, sino que gracias a ella, en cuanto es verdaderamente razón, es ella misma la medida intrínseca de la acción6 .

De este modo, la razón pasa a ser una facultad que a través de su acto, el objeto de la acción recibe su forma, en el ámbito de una determinada materia. “Como la especie de las cosas naturales son constituidas de las formas naturales, así las especies de los actos morales son constituidas por la razón.”7 El objeto de una acción es entonces una obra de la razón y, por lo tanto, no se puede llamar objeto de la acción a las cosas a que se refieren las acciones 8. Del mismo modo tampoco podemos llamar objeto moral a las finalidades naturales de determinados procesos naturales o de las distintas inclinaciones naturales. Para que la acción sea verdaderamente humana es necesario, por una parte, el juicio de la razón, y por otra, tener el consenso de la voluntad formado a través de este juicio. Consecuentemente la acción tendrá un objeto que fue formado por la razón, que establece como bueno, por ejemplo, seguir una inclinación natural.

Indudablemente toda acción posee una dimensión externa, observable, que nos permite hablar del objeto de dicho acto externo. Así, por ejemplo, el hecho de observar que una persona se acerca a otra, necesitada, para ofrecerle su ayuda, nos hace calificar dicho acto como una obra de solidaridad. Pero dicho juicio es en cierto modo peligroso, al menos desde el punto de vista moral, porque el objeto del acto externo sólo tiene valor moral en la medida que se elige como fin inmediato de la voluntad, ordenado eventualmente a ulteriores fines 9. Por lo tanto, el juicio moral de dicho acto no será posible darlo sino cuando nos situemos en la perspectiva del sujeto agente. Como consecuencia inmediata, el análisis moral no puede conformarse con un estudio abstracto del acto externo, y determinar luego si se puede realizar10 . Cuando se habla de bondad objetiva de una acción se designa una cualidad moral inseparable de la finalidad inmediata que asume, para el agente, dicha acción11 .

En el ámbito de la sexualidad, la pulsión sexual, apenas pasa a ser un objeto de la razón, se convierte en un bien práctico. Pero en el ámbito de la razón no sólo entra la pulsión sexual, sino también todas las circunstancias referidas a dicha pulsión, es decir, el conjunto de elementos que actúan como circunstancia en torno a la inclinación sexual. Por lo tanto, la razón aspira a un bien práctico, que va más allá de la inclinación misma, y que sólo se puede conocer desde la perspectiva del sujeto agente. Dicho bien práctico, es el término de la razón práctica; o en otros términos, la finalidad del acto en sí mismo es precisamente el objeto del acto moral, finis operis, finis proximus o materia del acto.

Como podemos apreciar, el objeto moral integra los dinamismos afectivos del sujeto y las circunstancias, pero no se puede reducir a ellos. Podemos decir que el objeto del acto moral es una realidad compleja que no se deja percibir a primera vista. Por ejemplo, un hombre vuelve a su casa y al llegar besa a su esposa, quien comienza inmediatamente a llorar. El esposo le pregunta qué le ocurre; ella responde, que cuando él llega nunca se interesa por ella. El esposo reconoce su error, se disculpa con las preocupaciones del trabajo, y vuelve a besar a su esposa y todo se soluciona12 . El hecho de entrar y saludar a su esposa con un beso, posee una intención interior, que no puede ser captada desde fuera. Entre el primer y el segundo saludo existe una diferencia profunda que solo se puede determinar a partir del sujeto 13.

Este ejemplo nos ayuda a distinguir lo que podríamos llamar la “dimensión física del acto” y el “acto” como objeto de un sujeto que obra intencionalmente y, por lo tanto, racionalmente. Desde el punto de vista físico, los actos pueden ser idénticos, pero desde el punto de vista del objeto moral estamos ante dos tipos distintos de actos morales, de dos actos de la razón práctica diversos. Por ello en el orden físico los actos pueden ser iguales, pero distintos en el orden moral; o viceversa 14. Esto último nos permite utilizar la distinción entre materia ex qua y materia circa quam. En el primer caso, se trataría del aspecto visible del acto su genus naturae, que no posee ninguna relevancia en el orden moral; el segundo concepto, el de materia circa quam, sería el objeto moral propiamente dicho. Estudiar casos abstrayendo de ellos el sujeto que los realiza presenta el peligro de separar el obrar externo de lo que realmente busca el sujeto, equiparándolo a la realidad que acontece 15.

La naturaleza moral del acto externo no se define por un simple operatum, sino mediante un obrar que encarna el querer de un sujeto y le confiere así su finalidad última16 . Esta posición, que sería el pensamiento de santo Tomás, equidista del subjetivismo moral que hace de la intención subjetiva (finis operantis) la única fuente de la moralidad capaz de dar a los actos los significados arbitrarios entendidos por el sujeto y del materialismo moral que considera a los actos humanos como sucesos, independientemente de los fines, que les son inmanentes en cuanto elecciones humanas17 .

Tampoco podemos confundir la elección con las circunstancias, ya que éstas son anteriores a la elección (por ejemplo, la enfermedad que padece una persona es anterior a la elección de irse a la cama para curarse); pero sí le confieren a la conducta elegida su forma en cuanto que esta conducta no puede ser elegida, como bien práctico, aparte de ellas. Por último hay que distinguir ulteriores intenciones por las que la elección se realiza: curarse para seguir trabajando, curarse para ayudar a la familia etc. Por lo tanto, podemos individuar cuatro elementos distintos: una conducta observable desde fuera, una elección, las circunstancias, y las ulteriores intenciones; siendo la elección lo que determina principalmente la especie moral del acto. La elección se determina a partir de la observación de un acto, ni tampoco a partir del conocimiento de las circunstancias, al menos no en todos los casos (una pareja de casados, que realizan el acto matrimonial sin usar anticonceptivos pudiera ser que estuviera eligiendo la fornicación; para saberlo debo situarme en la perspectiva del sujeto agente) Tampoco bastan las buenas o malas intenciones de quien realiza una determinada conducta para definirla moralmente.

3. Conclusión:

Podemos definir la elección como el fin próximo de una conducta voluntaria. De esta manera, el objeto del acto moral es el fin próximo o la intención de la voluntad18 con su correspondiente juicio de razón. Sería, el siguiente ejemplo: “tener una relación sexual con Laura que no es mi esposa, adulterar (intención próxima de la voluntad) aquí y ahora es bueno (juicio de la razón práctica) porque salvaré muchas vidas (ulteriores fines)” De este modo, el fin de la voluntad y el correspondiente juicio de la razón práctica constituyen el objeto moral del acto. Se podría llamar a esto intencionalidad del acto, que es distinto a las intenciones de la persona, del acto en sí mismo y de las circunstancias del acto19 .

En cuanto un acto es objeto de la razón pasa a ser objeto de la voluntad y, por lo tanto, una acción. Por acto entendemos la dimensión observable del un acontecimiento (punto de vista de la tercera persona), por acción nos situamos dentro del obrar humano desde la perspectiva del sujeto agente (punto de vista de la primera persona.)
Por lo tanto, y, según lo dicho hasta este momento, podemos afirmar que una acción no es nunca querida o deseada sólo a partir de su dimensión física. Siempre que se opta por una determinada acción es fruto de un aspirar de la voluntad guiada por la razón. Al mismo tiempo, esto indica que las acciones son algo más que actos, poseen una dimensión que supera lo factual.

Esta última reflexión nos da lugar a un nuevo modo de interpretar el orden normativo que no hay que referirlo al nivel físico de la acción, sino al nivel de la elección. La norma moral no veta conductas observables (por ejemplo tomar un compuesto químico que inhibe la ovulación como bien observaba en su conferencia Rodríguez Luño) sino que se refiere a elecciones. El número 1755 del Catecismo de la Iglesia Católica nos presenta un ejemplo esclarecedor. El texto dice “El objeto de la elección puede, por sí solo, viciar el conjunto de todo el acto. Hay comportamientos concretos -como la fornicación- que siempre es un error elegirlos, porque su elección comporta un desorden de la voluntad, es decir, un mal moral.” Claramente la fornicación no es un simple patrón de conducta material, es decir, la relación sexual entre un hombre y una mujer. El veredicto del Catecismo no es sobre este patrón de conducta, sino sobre la elección llamada fornicación. En este sentido, y por poner otro ejemplo, la norma por la cual la elección anticonceptiva es siempre y en todos los casos un acto intrínsecamente malo, no debe ser confundida con el acto de injerir un compuesto anovulatorio por parte de una atleta el día anterior a la competencia deportiva, o por parte de un grupo de religiosas expuestas al peligro de estupro, o por un matrimonio en vistas a hacer infecundo el acto matrimonial. El mismo acto observable posee en cada uno de los tres ejemplos un objeto moral distinto; en el primero, estar en condiciones físicas competitivas; en el segundo, defenderse de un agresor; en el tercero, un acto anticonceptivo.

Ahora bien si la determinación de la especie moral de la acción sólo la podemos establecer desde la perspectiva del sujeto agente, que configura el objeto moral del obrar, esto no significa que la identidad moral de esta acción sea decidida por el agente; ella es un datum21 . En otros términos, podemos decir que la construcción del objeto moral de la acción es obra del sujeto agente, pero no necesariamente la realización de una determinada acción considerada como buena es siempre buena. Quien adultera ve, en la realización de tal acto, la realización de un bien, pero ello no nos habilita a considerar el adulterio como una acción buena. Analizar la verdad sobre el bien, es decir “lo bueno verdaderamente” distinto a “lo bueno aparentemente”, nos conduce al estudio sobre las virtudes, que capacitan al sujeto a re-conocer el bien y elegirlo (tratado sobre el obrar excelente) pero esto es ya otro tema.

P. Pablo Zanor.

1.Cf. BONANDI A., Veritatis splendor. Trent’anni di teologia morale, Glossa, Milano-1996, 143.
2.Ididem, 129.
3.Ididem,, 133s.
4.Ididem,, 136-138.
5.Ididem, 163.
6.“In actibus autem humanis bonum et malum dicitur per comparationem ad rationem: quia ut Dionysius dicit, 4 cap. de Div. Nom., bonum hominis est secundum rationem esse, malum autem quod est praeter rationem. Unicuique enim rei est bonum quod convenit ei secundum suam formam; et malum quod est ei praeter ordinem suae formae. Patet ergo quod differentia boni et mali circa obiectum considerata, comparatur per se ad rationem: scilicet secundum quod obiectum est ei conveniens vel non conveniens. Dicuntur autem aliqui actus humani, vel morales, secundum quod sunt a ratione.” THOMAE DE AQUINO, Summa…, cit., I-II, q. 18, a. 5, c.
7.“sicut species rerum naturalium constituuntur ex naturalibus formis, ita species moralium actuum constituuntur ex formis prout sunt a ratione conceptae...” 8.Ibidem, I-II, q. 18, a. 10, c.
“obiectum non est materia ex qua, sed materia circa quam: et habet quodammodo rationem formae, inquantum dat speciem” Ibidem, I.II, q. 18, a. 2, ad. 2.
9.“Tuttavia l’oggetto dell’atto esterno ha valore morale solo se la volontà lo prende come scopo del suo movimento, cioè come un fine.” PINCKAERS S., Il rinnovamento della morale, Borla, Torino-1968, 182.
10.Este parecería haber sido una de las deficiencias más grandes de la moral neo-escolástica.
11.Cf. BELMANS T.G., Le sens objectif de l’agir humain, Libreria Editrice Vaticana, Città del Vaticano-1980, 116.
12.El ejemplo está tomado del artículo de FEDORIKA D. P., o.c., 85.
13.Cf. MELINA L., Moral: Entre la crisis y la renovación..., cit., 56.
14.“Possibile tamen est quod unus actus secundum speciem naturae, ordinetur ad diversos fines voluntatis” Cf. THOMAE DE AQUINO, Summa…, cit, I-II, q. 1, a. 3, ad. 3.
15.“On aurait tort, disions-nous, d’assimiler le sens objectif ou finis operis de l’agir humain à ce que S. Thomas appelle son finis naturalis ou finalité purement ontique ressortissant au genus naturae. De nos jours, cette réduction se rencontre chez plus d’un auteur désireux de dissocier l’agir externe de l’emprise du vouloir.” BELMANS T.G., o.c., 117.
16.Ibidem,119.
17.Cf. MELINA L., Moral: Entre la crisis y la renovación..., cit., 56.
18.“Obiectum est finis proximus deliberatae delectionis, quae voluntatis personae agentis est causa.” JOANNES PAULUS PP II, Veritatis splendor, cit., n°78, 1196.
19.Cf. RHONHEIMER M., Intentional actions and the meaning of object…, cit., 282-285.
20.Cf. JOANNES PAULUS PP II, Veritatis splendor, cit., n°78, 1196.

21.Cf. RHONHEIMER M., La prospettiva della morale..., cit., 135.

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